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"El Athletic en Copa de Ferias y UEFA"
Artículos publicados por el diario El Correo con motivo de la clasificación a la UEFA League
 
"Poco más que cristales de bohemia"
     
  Ni siquiera Carlos Ruiz, uno de los principales protagonistas, delantero centro que debutó en Europa en esa única eliminatoria del curso 1970-71, conserva un especial recuerdo de aquel duelo ante el Sparta de Praga. «Es que fue hace mucho tiempo», se disculpa el futbolista de Begoña, que posee el honor de ser el último pichichi rojiblanco de la Liga. Es cierto. Han pasado casi 40 años y, además, la estancia vizcaína en aquella última edición de la Copa de Ferias -a la siguiente temporada se estrenó la UEFA- fue efímera. Una ronda y para casa. Eso sí, los ilustres bilbaínos que acompañaron a los hombres de Ronnie Allen en el avión 'Caravelle' que les llevó hasta la capital checoslovaca aprovecharon al máximo esta comparecencia para aprovisionarse de todo tipo de artículos fabricados con el fabuloso cristal de bohemia.

Desde un mínimo cenicero o un jarrón hasta una cristalería completa. Estos productos, los desvelos de Txutxi Aranguren porque su mujer estaba a punto de dar a luz y no llegaban noticias y dos goles en contra fue lo que el Athletic se trajo de Praga. Porque a pesar de que el equipo subcampeón de la Liga española la anterior campaña y campeón de Copa dos años antes se fajó con garra, desplegó un juego más que decente, compitiendo de poder a poder con el penúltimo clasificado del campeonato checoslovaco, los locales mandaron en el marcador al final de los noventa minutos.

«¡Atacar, atacar, atacar!»

Abrieron el melón con un gol anotado de penalti por Migas, uno de los cuatro internacionales que alineó Karel Kolsky en aquel encuentro. «Del campo sí me acuerdo. El año pasado estuve en Praga como médico con la selección española femenina sub'19. Y pasé por al lado del estadio», apunta Carlos, que vio aquella pena máxima desde el banquillo, ya que no saltó al terreno de juego hasta el minuto 64.

El encuentro se calentó a partir de ese decisión del colegiado griego Yanapoulos. Hubo lío. La rudeza capitalizó el duelo. Se convirtió en una batalla. Al rojo vivo. Los locales aprovecharon la circunstancia para anotar el segundo y conseguir el objetivo que se había puesto el técnico; venir a Bilbao con dos goles de ventaja.

Para el encuentro de vuelta, en San Mamés, el Athletic sólo tenía una estrategia. «¡Atacar, atacar, atacar! ¡Chutar, chutar, meter goles!». «Nos hace falta meter goles». Ésa fue la táctica que Ronnie Allen introdujo en la mente de sus jugadores. Con optimismo, gracias a que el anterior fin de semana los rojiblancos habían firmado un gran partido en Las Palmas, se encaró ese partido decisivo. Pero el técnico de Fenton también lanzó un mensaje para la afición. «Si el público de San Mamés está con nosotros al 100 % se puede pasar», demandó.

Falta de pericia

La hinchada, como siempre, cumplió. Llenó las gradas. El ambiente era excelente en una jornada de esas que apetece acudir al fútbol, con buen tiempo. Allen alineó en el 'once' inicial a Carlos para luchar por 'voltear' la ronda. «Con suerte salvaremos la eliminatoria», se ilusionó en la previa del encuentro el delantero bilbaíno, que sólo llevaba tres años en el mundo del fútbol. «Comencé a jugar con 19 en Begoña. Tal vez un poco tarde», confesó a EL CORREO aquel 30 de septiembre de 1970.

No hubo fortuna. En el minuto 7, Chovanek destrozó las ilusiones rojiblancas. Los locales, que acabaron quintos en una Liga que se llevó el Valencia, lo intentaron. Incluso se adueñaron de la posesión, pero no consiguieron esas dianas que tanto demandaba el entrenador. Unas veces por falta de pericia de los atacantes y la escasez de ideas de los bilbaínos. En otras ocasiones, en cambio, por la gran habilidad del meta visitante. «Nuestro portero ha tenido su día», aceptó el entrenador checoslovaco. Sólo concedió un tanto de Fidel Uriarte de penalti cuando quedaban 25 minutos. Demasiado tarde. El sueño de pasar de ronda se rompió, igual que alguno de aquellos artículos de cristal de bohemia en el vuelo de vuelta desde Praga a Bilbao.

JUANMA MALLO
 
     
   
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