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Athleticmania |
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"El Athletic en Copa de Ferias y UEFA"
Artículos publicados por el diario El Correo con motivo de la clasificación a la UEFA League |
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"Los postes salvan al Beveren"
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El Athletic cerró la temporada 1985-
86 con una destacada tercera plaza.
Meritoria porque la plantilla
superó los problemas extradeportivos
ocasionados por el pulso entre
Javier Clemente y Manolo Sarabia,
que se saldó con la salida del
técnico de Barakaldo mediada la
campaña. Iñaki Sáez llevó al equipo
de nuevo a participar en la Copa
de la UEFA, y para hacer frente al
curso, la directiva apostó por un
hombre de la casa como era José
Ángel Iribar. La apuesta venía dada
para calmar los ánimos y llevar
adelante a un vestuario en el que
comenzaba un proceso de renovación.
Aunque se mantenía el bloque
del equipo campeón, ese verano
se dieron bajas tan sonadas
como la de Andoni Zubizarreta,
que fichó por el Barcelona, o de Julio
Salinas, que se marchó al Atlético
de Madrid de Jesús Gil. Eso,
unido a la retirada de Dani y la
marcha de Nuñez al Sestao, tuvo
su influencia en el equipo, que
aquella temporada de novedoso formato
se vio obligado a purgar en
el ‘play off ’ por evitar el descenso
entre los ocho últimos clasificados.
Pero antes estaba la participación
continental. El rival en la primera
ronda resultó ser el Magdeburgo,
equipo de la extinta República
Democrática Alemana, uno
de los clubes clásicos en Europa
que, sin embargo, parecía tener un
nivel inferior a los rojiblancos de
Iribar. Hoy los tiempos han cambiado,
y el Magdeburgo pelea en la
Liga Regional Norte del fútbol alemán
(cuarta división) en busca de
su prestigio perdido, pero, en la década
de los 80, los equipos alemanes
del Este eran todavía un duro
hueso de roer. El equipo estaba dirigido
por un mito como Joaquim
Straich, toda una leyenda en su
país al ser por entonces el único jugador
que había ingresado en «el
club de los 100», al haber sumado
102 internacionalidades.
Pero por lo visto en San Mamés,
el Magdeburgo resultó ser un grupo
muy limitado. El Athletic, que
tras cuatro partidos en Liga sumaba
una victoria, una derrota y dos
empates, y venía de igualar en el
derbi contra la Real, aprovechó la
presencia alemana para tratar de
llevarse una alegría al cuerpo. Lo
cierto es que el público que se acercó
a ‘La Catedral’ se entretuvo con
la actuación rojiblanca, aunque salió
con la convicción de que con un
poco más de acierto, los alemanes
se hubieran llevado una goleada de
escándalo para la RDA. Sin embargo,
lo hicieron con un 2-0 en contra
que todavía les daba esperanzas
para la vuelta, y que dejó al Athletic
con un poso de preocupación
que no debió de quedar. Hasta diez
ocasiones claras cuentan las crónicas
de aquel partido que tuvo el club
bilbaíno, pero sólo Gallego y Pizo
Gómez fueron capaces de marcar
en la segunda parte. «Teníamos que
haber sentenciado», se lamentó Iribar
tras el partido, mientras Pizo
Gómez fue más concluyente: «Lo
lógico hubiera sido un 6-0».
Ante tal panorama, lo que no esperaban
los rojiblancos es que la
visita a la Alemania del Este se convirtiera
en un calvario. Del rival
«comparsero» como se le denominó
alMagdeburgo tras su actuación
en Bilbao, se pasó al rodillo alemán,
que estuvo a punto de llevarse por
delante las ilusiones europeas del
Athletic a las primeras de cambio.
De hecho, si no sucedió fue gracias
a la destacada actuación de Vicente
Biurrun en el Groberstadium
ante 30.000 bulliciosos seguidores,
que veían cómo su equipo podía dar
la vuelta a la eliminatoria.
Un agobio constante
Desde queWindelband marcó el 1-
0, en el minuto 33, el partido estuvo
en manos del Magdeburgo. El
Athletic aguantaba mal que bien
su renta, con algunas ocasiones desaprovechadas
para evitar agobios
de última hora, pero la recta final
del encuentro fue una tortura para
los de Iribar. Los germanos encerraron
al Athletic en su terreno en
busca de la igualada en la eliminatoria,
e incluso el portero Heyne subió
a rematar un par de corners al
final del partido para sacar partido
a sus casi dos metros de altura.
Al fin, el colegiado Biguet decretó
que la tortura había concluido.
Allí, en dieciseisavos, esperaba
el Beveren belga. Otra vieja gloria
del fútbol continental, que al igual
que los alemanes también ha perdido
en la actualidad su posición
en el fútbol belga. Hoy vagan en la
segunda división, pero entonces vivían
los mejores momentos de su
historia, tras haber conseguido su
segundo título de liga en la temporada
1983-84 y codearse en aquellos
años con Anderlecht y Standard.
Se mostraba como un equipo rocoso
y que no daba un balón por perdido.
Y no exento de calidad, como
lo demostró en la eliminatoria.
De todos modos, y sin quitar méritos
al Beveren, el Athletic pagó
en ese enfrentamiento las numerosas
bajas que sufrió su plantilla, y
que obligó a Iribar a formar con un
equipo joven e inexperto. Hasta siete
bajas se encontró a la hora de hacer
el once para el duelo de ida, un
contratiempo que se reflejó en el 3-
1 con el que el Beveren resolvió el
partido en el estadio de Freethiels.
Al menos, el gol de Sarriugarte
sirvió para quel Athletic volviera
a Bilbao con esperanzas de poder
dar la vuelta a la eliminatoria en
San Mamés. En aquel partido de
vuelta, los de Iribar se encontraron
durante una hora con un muro, un
rival que cerró todos los espacios
con una presión sin desmayo, y que
encima acertó en su ocasión, con
el gol de Fairclough en el minuto
58. Parecía todo perdido, pero sucedió
lo inesperado.
De todos es sabido que al Athletic,
a lo largo de su centenaria historia,
sólo le hace falta un chispazo
para encender la mecha, sacar
su garra y hacer frente a cualquier
contratiempo al amparo de su afición.
Sucedió con el penalti a Luis
Fernando que anotó Argote. Quedaban
28 minutos, y lo que sucedió
a partir de ese momento fue un monólogo
rojiblanco. «Un Athletic desmelenado
», se señalaba en la crónica
de aquella noche, que acumuló
dos goles y dos postes en menos
de media hora, ante un Beveren que
no daba crédito a lo que sucedía
tras tener la eliminatoria en el bolsillo.
«Europa no ha sido justa con
el Athletic», afirmó EL CORREO
al día siguiente, tras vivir un final
de partido épico, pero sin el premio
merecido.
IGOR BARCIA |
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