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"MI ATHLETIC"
Sentimientos, opiniones y recuerdos sobre un club con 109 años de historia
 
     
  Querido Juanito Bilbao: Se cumple estos días el aniversario del nacimiento de Hans Christian Andersen, el famoso cuentista danés autor, entre otros muchos, de un relato titulado 'El traje nuevo del Emperador' que parece inspirado en los bilbaínos de hoy y que te quiero contar aunque, ya sabes, los cuentos nos engañan en la medida en que queremos que nos engañen pues obtenemos de ello ventajas objetivas. Como decía el viejo Marx, es el ser social el que define la conciencia.

Pues bien, Juanito, la trama es bien conocida, habla de cómo unos timadores engañan al crédulo y vanidoso Emperador convenciéndole de que cosen para él un maravilloso traje que sólo puede ser visto por las personas inteligentes. El Emperador, naturalmente, no ve nada, pero antes de pasar por tonto ante sus cortesanos prefiere tragarse el orgullo y pagar a los falsos sastres cuanto le pidan a cambio del vestido imaginario.

Otro tanto ocurre con la Corte. Nadie quiere reconocer ante los demás su poca inteligencia, ni mucho menos se atreven a enmendar la plana al poderoso Emperador, de modo que todos se hacen lenguas de la hermosura del vestido, de su colorido, de sus hechuras, etc. Así hasta que, como sin duda recordarás, un niño que no conocía la peculiar condición del falso traje dijo lo evidente ¡Que el Emperador estaba en pelotas!

La moraleja es fácil, la dejo para ti, querido amigo. Lo que quiero destacar ahora es la racionalidad del comportamiento de cada personaje. Ninguno, en efecto, es tan tonto como parece, lo que ocurre es que a todos les conviene hacerse pasar por tales. El primer comportamiento inteligente es, sin duda, el de los sastres. Los avispados modistos dan a su cliente, al fin y al cabo, lo que quiere. La economía trata de atender con recursos siempre escasos, eso sí, fines alternativos. En el caso del dinero público, por ejemplo, puedo atender los «intereses generales» o los intereses particulares de quienes se encuentren más cerca del corazón del decisor político.

El Emperador, por su parte, necesita hacer creer a la corte y a los súbditos que se trata de un ser superior. Para el Emperador la vanidad no es un vicio, es una necesidad profesional. El falso traje no es, pues, falso del todo. Es un atributo simbólico del poder ¡Cueste lo que cueste! Al fin y al cabo, al Emperador lo que le sobran son recursos ¡Para eso están los impuestos!

¿Vas viendo, niño Juan, la actualidad bilbaína del cuento?

Gracias al Concierto tenemos mucho dinero. Todos sabemos que es un privilegio político y jurídico, pero no lo vamos a decir. No lo vamos a decir porque nos viene de perlas, por ejemplo, para desarrollar buenas políticas públicas, pero sirve también, por decir, para regalarle un estadio nuevo ¿de cinco estrellas! a un club deportivo privado sin que sus socios pongan un euro. Todos lo vemos, pero ha dicho el Emperador que, según sus sastres, esas cosas sólo las ven los tontos, o los malos bilbaínos y ninguno de nosotros quiere pasar por mal bilbaíno ¡y encima tonto! ¿Verdad?

Ahora bien, querido Juanito, cuando no puedas comprarte una vivienda, no te hagas preguntas, no pienses en política... ¿Desahógate gritando en Herri Norte! Cuando la ambulancia que te lleve a Cruces con un infarto se quede atascada en la autopista que tenemos desde hace más de treinta años, consuélate pensando en lo mucho que sus lucecitas se parecen a las de la cubierta luminiscente del nuevo San Mamés. Cuando seas viejito y te manden a casa porque no tienes plaza en una residencia pública en la que caerte muerto, acuérdate de que tú ya sabías que nada es gratis, pero que todo era cosa de seguirle la corriente al Emperador, no fueran a decir por ahí ¡que eras tonto!

Rafael Iturriaga Nieva Consejero del Tribunal Vasco de Cuentas Públicas

 
     
   
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