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21 ARTÍCULOS SOBRE EL ATHLETIC
por Josu Turuzeta en DEIA
 
     
  («El corazón tiene sus razones que la razón no conoce en absoluto» Pascal)

En la temporada 1947-48, el Real Madrid estuvo a punto de bajar a Segunda División; los árbitros y nuestro paisano Sabino Barinaga lo evitaron. Las consecuencias no se hicieron esperar; en un país en la más absoluta miseria, con cartillas de racionamiento y sometido al aislamiento diplomático, se permitió la contratación de jugadores extranjeros.

Tras la guerra, el Athletic asumió la carga afectiva nacional, que no podía manifestarse de otro modo. No por casualidad las primeras pintadas (''breadas'' se decía entonces) de Euzko Ikaste Alkartasuna, en 1946, se realizaron en San Mamés. O el sabotaje perpetrado antes de un encuentro España-Portugal en 1941; el terreno de juego fue arado y serradas las porterías. En 1948 aparecieron en la tribuna de San Mamés, mediante mástiles con resortes, una ikurriña y una senyera durante un partido Athletic-Barça.

En uno de sus trabajos, el profesor Ramonet, director de ''Le Monde Diplomatique'', pone como ejemplo a nuestro equipo:

«El Athletic de Bilbao (durante el franquismo Atlético), sorteando las prohibiciones formales, se convirtió en el ''equipo nacional'' vasco, no alineando más que a jugadores de origen vasco. A pesar de todas las censuras, ir al estadio a animar al Athletic era entonces (y de alguna manera se mantiene), para un seguidor, una forma de afirmar su nacionalismo. (.) Bajo la apariencia de un Estado pacificado y centralista, España seguía siendo un país plurinacional; y cada domingo en los estadios se enfrentaban y se confortaban los diferentes patriotismos locales».

Para los derrotados en la Guerra Civil, jugar sólo con vascos suponía la sublimación deportiva de una frustración política «¡Viva la cantera vasca y su padre» (?) decía una pancarta que portaban unos seguidores rojiblancos de la época. Además, el orgullo colectivo de los bilbainos, y vizcainos en general, se había ya encarnado en los jugadores del Athletic, como antaño en los Altos Hornos, el Orfeón de Bilbao o el Chiquito de Abando. Aunque con otros matices, la ''eterna'' rivalidad Barça-R. Madrid, también surgió en esos años.

En Bilbao se luchó contra la profesionalización del fútbol en todos los ámbitos. Perdido ese combate, la batalla contra los extranjeros fue el nuevo banderín de enganche de los recalcitrantes que, por cierto, no eran nacionalistas vascos, más bien todo lo contrario. Ese rechazo fue ''cultivado'' por los cronistas deportivos locales; perseveró durante años el decano de todos ellos, el ex seleccionador nacional español José Mª. Mateos, redactor de ''La Gaceta del Norte''.

El ideal autárquico del franquismo tuvo aquí su correlato, en el plano deportivo, en la ''filosofía'' del Athletic. Para el Régimen era una muestra de nacionalismo español; de ahí que no mirase con recelo esa costumbre. Es más, falangistas como el escritor José Mª. Sánchez Silva o el periodista Lucio del Alamo (en su juventud jugó en el segundo equipo del Athletic), director del diario ''Arriba'', órgano de la Falange, fueron algunos de sus más conspicuos ''exégetas''. Se ha dicho que Franco tenía simpatía por el Athletic; no es cierto, le agradaba el Real Madrid.

Otro escritor falangista, Luis Antonio de Vega y Rubio (Bilbao, 1900-Madrid, 1977), que hizo campañas de prensa abogando por la desaparición del euskara («luchar contra el euskera es luchar contra la mala educación», etc.) escribió en 1958:

«No han sido las Juntas Directivas. Ha sido el carácter de la región el que ha impuesto la manera de ser de los equipos vascongados. Eso precisamente tienen que ser: vascongados. Buenos o malos, pero todos los que formen parte del equipo, vascongados. Si no fuese de esta manera, a las poblaciones eúzkaras les tendría completamente sin cuidado que sus equipos ganaran o perdieran. Si un día entra un extranjero a formar parte del Atlético de Bilbao, los bilbainos se van al chacolí a jugar a la rana, y yo con ellos. No se juzgue que es un asunto baladí, carente de importancia. El Atlético de Bilbao no es un equipo de fútbol. Es una de las manifestaciones de determinada agrupación humana que no quiere desaparecer, que no se resigna a ser absorbida, aunque acepte la lenta infiltración de sangre de otras provincias».

Aunque aborrecía el txakoli (pensaba que era «un vinagre de salón») y en aquella época, como ahora, Real Sociedad, Osasuna y Deportivo Alavés tenían jugadores de fuera, De Vega no andaba muy descaminado en su apreciación. El Athletic era entonces ­y quizá sigue siendo­, el principal elemento de integración de los inmigrantes; sobre todo de los llegados tras la guerra civil. Algo que, en cierto modo, es bastante paradójico. Lo dejamos aquí porque este tema da para una tesis doctoral.

En realidad, la ''filosofía'' tiene poco que ver con el respeto a las veneradas tradiciones athléticas; por ejemplo, hay seguidores que aceptarían una nueva interpretación de la misma y que, por respeto a la historia del Athletic, se oponen a la construcción de un nuevo campo, y viceversa. (Esta incongruencia ya ha sido puesta de manifiesto por el ex presidente Lertxundi: «Lo que me llama la atención es que seamos tan pulcros con la tradición y estemos dispuestos a tirar San Mamés. Me parece un completo contrasentido»).

Según la última encuesta dada a conocer hasta la fecha, tres de cada cuatro socios ­sin distinción de ideologías­ afirma estar dispuesto a mantener la actual ''filosofía'' del Athletic, aun asumiendo la posibilidad de que el equipo descienda a Segunda División. Los abertzales ­si bien con excepciones­ creen que es una seña de identidad más; el resto defiende la ''filosofía'' por el prurito, que ha devenido en fetichismo, de jugar sin ''extranjeros''.

Ya lo ha dicho Pierre Brochard, el fútbol «es uno de los últimos lugares, posiblemente el último, donde puede expresarse libremente, de forma abierta, decente, conveniente, civilizada, ''políticamente correcta'', el deseo legítimo de identificación y de orgullo nacionales que sentimos cada uno (.) el fútbol se ofrece como el único sustituto legal, e incluso legítimo, de los conflictos interestatales abiertos de antaño».

.y aquí hay un conflicto, señor Aznar.

Josu Turuzeta (Publicado en DEIA)
 
     
   
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