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21 ARTÍCULOS SOBRE EL ATHLETIC
por Josu Turuzeta en DEIA
 
     
  («El pasado permanece con nosotros y nos aprisiona» Kazuo Ishiguro)

Como ya se ha escrito, con el Athletic se hace buena la afirmación de que las tradiciones no tienen que ser verdaderas, sino verosímiles. En una tertulia radiofónica que versa sobre el Athletic, uno de los habituales participantes se mostró la mar de sorprendido cuando otro contertulio afirmó que en los estatutos del club no se hace alusión a la llamada ''filosofía''. Lo ignoraba.

«El Athletic no puede tirar por la borda 103 años de historia», enfatizó uno de los candidatos durante la última campaña electoral. «No queremos que cambie una filosofía centenaria», declaró el oponente. Su desconocimiento es compartido, a buen seguro, por la inmensa mayoría de los seguidores rojiblancos, para quienes la costumbre de jugar sin ''extranjeros'' constituye, en expresión de un socio, «un hecho diferenciador derivado de una filosofía ancestral». Como tantas veces se ha dicho, la ''filosofía'' ­antes denominada ''puritanismo'' y ''romanticismo''­, es una norma no escrita. Nunca ha figurado en los reglamentos del club. No obstante, en tiempos de Eguidazu (1977), se hicieron públicos, con carácter oficioso, unos principios:

1. El Athletic es una entidad deportiva que representa la especial ideosincrasia y peculiar estilo del pueblo vasco.

2. Su vinculación al pueblo y el respeto de la tradición exigen que sus jugadores sean vascos. Esta actitud permanente puede considerarse como única en el mundo del deporte de alta competición.

Como todos sabemos, la ''filosofía'' ha cambiado y ahora se interpreta de otro modo; ya no es preciso que los jugadores «sean vascos».

Duncan Shaw, «Luis de Andía», y Vicente Verdú, en sus libros sobre fútbol, fijan la decisión de crear «un equipo formado totalmente por vascos» en 1919, 1927 y 1928-29, respectivamente. Los dos últimos atribuyen al abertzale Manu de la Sota, presidente entre 1926 y 1929, la iniciativa de jugar sólo con vascos y dar una impronta nacionalista al equipo.

Es incierto; en su época, por ejemplo, jugó el portero Aniceto Alonso Rouco ''Toralpi'', conocido militante del PSOE y la UGT. Comandante del ''batallón Prieto'' durante la Guerra Civil, fue fusilado por los franquistas en 1937. También jugaron Hierro, Ruiz, Suárez, Calero, Calvar.; y con otros presidentes, Petreñas, Oceja. Manu Sota, además de reorganizar el Club y profesionalizar la plantilla, ­aunque algunos jugadores prefirieron mantenerse como ''amateurs''­ decidió incorporar al Athletic buenos futbolistas de otros equipos vascos. Así, fichó del Alavés a los guipuzcoanos Victorio Unamuno y Roberto Echevarria; pretendió traer a Severino Goiburu, navarro de Osasuna, que finalmente se fue al Barcelona, etc. Esto no se había efectuado antes, ni se hizo después, con presidentes de la derecha española: Manuel Castellanos (1929-33), José Mª. Olabarria (1933-35), Luis Casajuana (1935-43).

La guinda la pone Verdú con otra de las melonadas al uso: «La idea milenarista del País Vasco influiría en la radical limpia». Patxo Unzueta apunta a Sabino de Arana y señala que «el origen de tal restricción guarda relación con la ideología nacionalista vasca», y añade: «Tal vez lo que era inicialmente una concepción sólo asumida por una minoría ­los nacionalistas­ se transformó con el tiempo en tradición». Más adelante, concluye: «Es lógico suponer que su ideología marcara de alguna manera la fisonomía espiritual del club en los años en que estaba forjándose su identidad».

Los nacionalistas vascos no eran, en absoluto, minoría en el Athletic; ni entre los socios ni entre los jugadores. Ya en los primeros años del club, hubo presidentes afiliados al partido nacionalista: Ramón Aras Jauregui (1906-1908); Alberto Zarraoa (1908-1910); Alejandro de la Sota Eizaguirre (1911-1917), quizás el hombre más decisivo en la historia inicial del club, primo de Sir Ramón de la Sota que, por cierto, no era del Athletic. Aunque su hijo Manu y su yerno José María Vilallonga Medina, conde de Vilallonga (1922-23) fueron presidentes rojiblancos, sir Ramón era, por su mecenazgo, presidente honorario del Arenas de Getxo. Refiere José Miguel de Azaola, que le oyó decir al entonces propietario de Ibaigane e influyente nacionalista: «... cuando se habla de fútbol durante la comida, suelo callarme porque, en casa, no somos del Arenas más que la cocinera y yo».

Destacadas personalidades del Partido Nacionalista Vasco fueron directivos del Athletic: Baltasar Amezola, miembro del EBB en dos épocas distintas e íntimo amigo de Luis de Arana y Goiri; Mario de Arana, diputado y alcalde de Bilbao, etc., pero compartiendo Junta con miembros de otras tendencias políticas. Si bien el Athletic se mantenía al margen de la pugna partidaria, con un presidente monárquico ­Enrique González de Careaga, gentilhombre de servicios de Alfonso XIII­ la Asamblea de socios apoyó públicamente a las Diputaciones vascas frente al Gobierno central cuando la revisión del Concierto Económico en 1905.

El dilema ético de jugar por jugar o jugar para ganar fue resuelto en fecha temprana por el Athletic. Tras dos derrotas consecutivas frente al Madrid en la final, ­en 1906 perdió 4-1­ el Club decidió la contratación de profesionales ingleses para vencer en el Campeonato de 1907 e impedir que el Madrid consiguiera el trofeo en propiedad. Un presidente nacionalista, don Ramón Aras Jauregui, trajo a los primeros profesionales británicos. Los nacionalistas vascos, tradicionalmente anglófilos, no veían con malos ojos la presencia de ingleses en el equipo; las suspicacias venían del otro lado.

En 1938, con el Athletic en plena reconstitución, jugó Kirchner, un portero de nacionalidad alemana. Antes y después de ese año vistieron la camisola rojiblanca jugadores que no eran vascos y tampoco procedían de la cantera.

En los libros sobre la historia del Athletic de José Mª. Mateos (1922 y 1948) y Francisco González de Ubieta (1941) no se dice nada sobre un tema que ahora es tan trascendental y fundamentalísimo. Sencillamente porque todavía no existía la ''filosofía''.

Josu Turuzeta (Publicado en DEIA)
 
     
   
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