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21 ARTÍCULOS SOBRE EL ATHLETIC
por Josu Turuzeta en DEIA
 
     
  («El Athletic resulta ya una leyenda imposible... De un equipo tan romántico no puede esperarse nada, aunque, curiosamente, el romanticismo corre sólo a cargo de los aficionados» Pedro Ugarte)

Entre 1902 y 1923 el Athletic jugó dieciséis finales de Copa y ganó once de ellas. Hasta 1930 no disputó ninguna; fue un periodo que el cronista ''Joma'' (J. M. Unibaso) llamó de «rotura de carnets». Coincidieron esos años de sequía rojiblanca con la profesionalización del fútbol estatal. El Athletic tenía un equipo inferior a los de otros clubes que, previo pago, habían incorporado a sus plantillas jugadores de calidad contrastada (el Barcelona fichó al uruguayo Héctor Scarone, considerado el mejor jugador del mundo, al húngaro Platko, etc.) Fueron unos años claves en el fútbol mundial. La FIFA no tuvo más remedio que aceptar el profesionalismo en 1926. Se crearon las Ligas nacionales y en 1930 se celebró la primera Copa del Mundo.

La inmensa mayoría de los seguidores del Athletic defendían el primigenio idealismo amateur. En la Directiva rojiblanca «se llevaba mucho hacerse el ''sueco'', el club hacía como que ignoraba la evolución experimentada», cuenta el baracaldés ''Manolo Travieso'' (Manuel López Llamosas), uno de los primeros profesionales nativos del Athletic. «Hubo jugador (Samitier en el Barça) que, llegada la hora, percibió 5.000 duros. Aquello en Bilbao, sonó a escándalo», refiere Travieso en sus Memorias. «¿El Athletic dado a la ''trata''? ¡El fútbol es aún deporte!», clamaban en la Villa.

En aquel Athletic, comenta el ariete baracaldés, «había jugadores puros e impuros, hombres a sueldo (Vidal, Travieso, quizás Larraza) y señoritos ''amateurs'', muchachos acomodados que rechazaban la soldada. (.) les parecía suficiente, por todo pago, ser reputados deportistas, que cobrar por jugar, en principio, lo entendían herejía.». El ideal del amateurismo esforzado, distinguido y desinteresado, de signo individualista y característico de las clases media y alta, había calado hondo en Bilbao. Como en los equipos ingleses donde había algún aficionado, el capitán era un aficionado (Carmelo Goyenechea), un «puro», en la jerga de la prensa deportiva de la época.

Cuando en 1924 a Travieso le dieron mil pesetas por jugar un partido amistoso en Madrid, el presidente del Athletic, Ricardo Irezabal, le exigió devolverlas en el acto «en nombre de la pureza del deporte y del acto prestigio del Athletic». Los jugadores bilbainos recibieron sólo diez duros por ganar la final de 1923. Les prometieron darles algo más, pero se trataba . de la mano. El Athletic hizo ocho mil duros de taquilla en ese partido. Ya entonces los jugadores de otros equipos cobraban hasta sesenta duros por match. «No tardó en verificarse el ajuste los clubs pasaron, de pronto, a ser empresa. El empeño se reglamentaba, se pagaba ya ''por la cara''. La cosa iba a más, se convertía en oficio, derivaba en lo profesional».

El paso del amateurismo al profesionalismo se efectuó bajo el mandato de Manu de la Sota, presidente de 1926 a 1929. A su prestigio personal, añadía una ventaja, era miembro del Consejo de Administración del diario deportivo Excelsior, el más leído en Bilbao. (Ahora, tres cuartos de siglo más tarde, los medios de comunicación, los informadores deportivos, están llamados a desempeñar un papel fundamental en el ­si se produce­ aggiornamento del Athletic).

El equipo de los años 1929-1936, el mejor de la historia rojiblanca, fue confeccionado a base de talonario. Se fichó a Lafuente y Bata del Baracaldo; a Gorostiza y Cilaurren del Arenas; Urquizu llegó del Real Madrid; Roberto Echevarría y Unamuno del Alavés; Blasco del Acero, etc. Aunque resultó fallido algún fichaje, el Athletic completó una gran plantilla. No la hizo mister Pentland sino el buen ojo de Máximo Royo, secretario técnico del Club que contrató a los jugadores. Al principio la nueva situación fue aceptada a regañadientes. En Bilbao aún se escribía en contra del profesionalismo en los años cincuenta. Desde la propia Federación se trató de ponerle coto. «No podemos tolerar que un delantero centro gane más que un coronel», aseveró el coronel Troncoso, nombrado por el general Moscardó, en 1939, presidente de la Federación Española de Fútbol. Duró un año en el cargo.

Las cosas han cambiado menos de lo que cabría esperar. El ex presidente Arrate todavía cuestiona «si el señor Bosman o los que se han visto beneficiados por la sentencia son trabajadores. El sentido común me dice que los trabajadores no ganan los dineros que cobran los profesionales de élite que se beneficiarían de este fallo. ¿El jugador de élite es un trabajador? Yo creo que no». Hace ya bastante años que los Tribunales, nos guste o no, lo dejaron clarito.

La actual defensa de la ''filosofía'' guarda gran similitud con la librada en los años veinte por el ''romanticismo''. La Directiva aseguró la pervivencia del Club a pesar del rechazo de los hinchas a la profesionalización. El cronista deportivo Francisco González de Ubieta, en su Historia del Athletic (1941) escribió al respecto: «Había de pasar bastante tiempo para que sobre el profesional no se concentrasen aquellas miradas despectivas, como si fuera pecado grave vivir honradamente de una profesión honesta para divertir a los demás. Flotaba en el ambiente mucho del espíritu romántico de antaño, y era bastante difícil descargarse de un prejuicio obstinado en no reconocer. que cada época tiene su norma».

Si entonces no se quería abrir la puerta al profesionalismo, ahora no se quiere admitir la globalización o, mejor dicho, ''los daños colaterales'' que implican su aceptación. En aquél tiempo, como en la actualidad, estaba en juego el futuro del Club. A corto plazo, los rectores del Athletic se verán obligados a tomar decisiones en contra de la opinión mayoritaria de los hinchas. Tendrán que elegir entre redefinir un sueño, cada vez más insostenible, o evitar una pesadilla, que puede ser tan infernal como la del Atlético de Madrid.

Será un periodo, posiblemente, de «rotura de carnets».


Josu Turuzeta (Publicado en DEIA)
 
     
   
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