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21 ARTÍCULOS SOBRE EL ATHLETIC
por Josu Turuzeta en DEIA |
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(«No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa»
J. Ortega y Gasset)
Que en nuestros días el fútbol se asemeja a una religión es algo que todos sabemos, desde el presidente bético Lopera hasta el intelectual francés Ramonet. «En el transcurso de un partido, observa el profesor Ramonet, lo que encarnan los jugadores son ''las virtudes de la nación'' virilidad, lealtad, fidelidad, espíritu de sacrificio, sentido del deber, sentido del territorio, pertenencia a una comunidad, y el partido, una verdadera escenificación del sacrificio, es una de las raras ocasiones en las que se expresa, de manera colectiva, ese mínimo cultural común que sella la adhesión de una comunidad con las virtudes personificadas por los jugadores. El fútbol se convierte en un espejo de nuestras sociedades».
Por eso las crisis de algunos equipos máxime en el Athletic, depositario de un enorme caudal simbólico no suelen ser meramente deportivas. La razón de fondo del actual desencanto quizá estriba en que ya no existe la ''comunión'' que había antes entre el equipo y los aficionados. Signo visible del mismo es el desapego de una parte de la afición, manifestado en algunas reacciones puntuales: el cuasi boicot al partido Athletic-Barça, la pitada al debutante Del Horno, el abandono a veces masivo de localidades antes de la finalización de los partidos, etc. Estos actos, inconcebibles hace unas décadas, denotan que el malestar es muy profundo, que no sólo obedece al pésimo juego realizado por el equipo en determinados encuentros, ni al hastío que produce todo lo que rodea al, cada vez más, mercantilizado mundo del fútbol, donde el romanticismo ya no tiene sitio. Muchos seguidores del Athletic perciben, de modo más o menos consciente, que algunos jugadores no representan en la forma adecuada esas ''virtudes de la nación'' que menciona Ramonet.
En el imaginario de los forofos, los jugadores rojiblancos han sido siempre unos ''tiarrones'', ''morroskos'', ''chicarrones''. Zarra no sólo era admirado por sus goles, también porque personificaba el estereotipo del vasco: alto, fuerte, noble, majo. y Zarraonaindia. En una tierra donde a menudo la grandeza de los hombres se ha medido más por la talla física y la fortaleza que por su cerebro, produce desazón en los aficionados ver a unos jugadores físicamente endebles. Recuerdo haber oído exclamar a un hincha:
Además de ''mingafrías'' no tienen ni media hostia.
Se olvida que la defensa formada por Sáez, Echeberría y Aranguren, en los años 60, tenía menos centímetros que la actual. Entonces la altura media de la mayoría de los equipos era inferior a la del Athletic; ahora es al revés.
Hasta hace poco más de tres lustros, la lealtad de los jugadores estaba prácticamente asegurada por el llamado derecho de retención; los jugadores eran propiedad de los clubes durante toda su vida deportiva. En la actualidad, por lo que decidan sus representantes.
Cuando en su día se especulaba sobre el fichaje de Urzaiz, el audaz reportero radiofónico de turno le preguntó al entonces jugador del Espanyol sobre su inclinación infantil por el Athletic (es obvio que le quiso dar pie para que empezara a ganarse el afecto de la afición). Contestó diciendo que siempre le había tenido simpatía «al Bilbao» (sic) pero que él es «profesional y todas esas cosas» (sic). Mari Lacruz respondió que el Athletic podía ser «un buen escaparate» (sic) cuando le entrevistaron tras la firma de su contrato en Ibaigane. Los hinchas que escucharon las palabras de los jugadores navarros se llevaron un chasco. No era eso lo que querían oír. En el fútbol actual lo que cuenta es la profesionalidad, según dicen los propios jugadores. Con las excepciones de rigor, en eso del ''amor a los colores'' no suele haber ninguna diferencia entre los de casa y los de fuera. Tras la final de la UEFA entre Liverpool y Alavés, los que más lloraban por la derrota eran Contra y Desio, un rumano y un argentino que se habían dejado la piel en el campo. Forma parte del carácter de cada uno y, por desgracia, no se puede inyectar con una aguja hipodérmica.
Sostenía el escritor Luis Antonio de Vega que el Athletic «integra nuestra fanfarronería y nuestro orgullo colectivos». Eso lo escribió en 1958, cuando el Athletic era el vigente campeón de Copa, tras derrotar al Real Madrid en el Bernabéu, y sólo dos años antes había hecho doblete. Como asegura Ignacio Ramonet: «No se juega por jugar, se juega para ganar. El fútbol de masas satisface así el perverso deseo de enfrentarse a un enemigo para definir mejor la identidad nacional». Los hinchas que creen a pies juntillas que los jugadores rojiblancos son «once chavales defendiendo el honor deportivo de un pueblo», en expresión empleada por un socio, cada vez encuentran menos motivos para fanfarronear; el Athletic no puede mitigar las frustraciones de sus seguidores porque su trayectoria es también frustrante. En tanto los hinchas del Racing, Villarreal, Osasuna, etc., se conforman con estar en Primera, pues nunca han ganado nada, los del Athletic necesitan éxitos o, por lo menos, ''estar en la final''. Esto influye en lo que el profesor G. La Cava llama ''espíritu de bandera'': «Al haber adquirido la victoria deportiva un significado de prestigio ciudadano, regional o nacional, la participación afectiva en el acontecimiento contribuye a crear (.) ese ''espíritu de bandera'' que sigue siendo, se diga lo que se diga, uno de los pilares de la estructura moral y social de un pueblo». y explica el llenazo de San Mamés para presenciar el último partido de ''las leonas''.
Con su presunta falta de orgullo («casta») los jugadores han herido el orgullo («sentimiento de satisfacción por cosas propias a las que se atribuye mérito o por cualidades propias que consideran superiores a las de otros») de los seguidores; ha quebrado el viejo mecanismo de ''auto-afirmación'', otro de los pilares subliminales que sustentan la llamada ''filosofía'' [El Athletic es el mejor (o el que más mérito tiene), el Athletic sólo juega con vascos, luego los vascos somos los mejores]. Ahora se oye a menudo el término ''mercenario'', habitualmente empleado por aficionados de otros equipos para referirse a los suyos, pero no así por los del Athletic. Es decir, se empieza a dudar del ''compromiso identitario'' de los jugadores. Ahí radica el tercer pilar de la ''filosofía'' [El aficionado se cuestiona: ¿si no son de los nuestros (vascos) cómo van a representarnos (luchar por nosotros)?] Volveremos sobre este tema.
Josu Turuzeta
(Publicado en DEIA) |
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