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21 ARTÍCULOS SOBRE EL ATHLETIC
por Josu Turuzeta en DEIA |
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(Esperamos que pueda suceder cualquier cosa, y nunca estamos prevenidos para nada. Mme. Swetchine)
Durante la campaña electoral, Javier Uria apuntó la posibilidad de fichar jóvenes promesas fuera del tradicional ámbito geográfico del Athletic pues, en su opinión, no contradice bajo ningún concepto la ''filosofía'' y constituye una práctica «que ya se hace ahora». El finado presidente aludía, sin mencionarlos, a Aranzubia y demás juveniles riojanos; asimismo, puso como ejemplo el hipotético caso del hijo de un peñista de Málaga. «Lo que pretendo es tener un sistema de ojeadores bien planteado. En el Athletic siempre han podido jugar los jugadores formados en el fútbol vasco, aunque no hubieran nacido en Euskadi», señaló Uria.
Lo cierto es que no siempre ha sido así a lo largo de las cinco décadas de la vigente ''filosofía''. Jesús Pereda, capitán de la selección vizcaina de juveniles que ganó el campeonato de España en 1955, jugador del Balmaseda e Indautxu de Segunda División (y del R. Madrid, Barça, etc.) y López Ufarte, por citar sólo dos casos archiconocidos, no pudieron jugar.
Los datos de un sondeo llevado a cabo en mayo de 2001, revelan que el 72% de los socios rechazan la posibilidad de traer a Lezama jóvenes españoles. «Las medias tintas no son buenas, o se abre la filosofía del Athletic para todo el mundo o se deja como está, pero sería malo que empezáramos a hacernos trampas a nosotros mismos. Si fichamos promesas en Málaga, ¿por qué no lo hacemos en Francia?», sostiene Fernando Lamikiz. No hay vuelta de hoja. Entonces, el 86% de los socios tampoco veía con buenos ojos la presencia de jóvenes promesas del resto del mundo para ser formados en Bizkaia; este porcentaje se ha reducido al 70% en una encuesta realizada en septiembre del pasado año.
Meses antes de la sentencia Bosman, el señor Guzmán, vicepresidente en las juntas de José Mª. Arrate, se mostró partidario en declaraciones a un diario local de estudiar la posibilidad de «fichar jugadores de cualquier rincón del mundo». Ese paso es rechazado por el 81% de los socios encuestados en septiembre.
Para la gran mayoría de la masa social, la ''filosofía'' es intocable, pero no es un dogma inmutable como algunos creen; al correr de los años ha estado sujeta a diversas interpretaciones. Ignacio Larrauri nació en Filipinas, pero no obstante jugó en el Athletic de la posguerra porque la ''filosofía'' aún no había arraigado. Sin embargo a José Eulogio Garate Ormaetxea, formado en el Indautxu, se le cerraron las puertas a mediados de los sesenta. Había nacido en Argentina; para más inri, era sobrino de Muguerza, célebre ex jugador del Athletic en los dorados años treinta y de la selección de Euzkadi. Un caso similar se repitió pocos años después con Clemente Iriarte Madariaga, otro buen futbolista Pavic le juzgaba «exquisito» que vino al mundo en Chile. A finales de los setenta tampoco pudo jugar Jesús Landaburu, natural de Guardo, a pesar de que su padre era un técnico vizcaino empleado en una explotación minera de esa localidad palentina. En cambio, Vicente Biurrun, que nació en Sao Paulo (Brasil), no tuvo problemas para defender la portería años más tarde.
En los años sesenta se decía, al menos entre los chavales, que para jugar en el Athletic había que tener un apellido vasco. Nunca se llegó a ese extremo. Si Manuel González Etura, Gonzalo Díaz Beitia, José Ramón Martínez Larrauri, Josu Sáenz Ortuondo, etc. jugaron con su segundo apellido, fue por pura eufonía.
La ''filosofía'' se aplicaba con mayor o menor laxitud según los casos; Valverde y Manu Núñez, naturales de Cáceres, no pudieron jugar en primera instancia, sin embargo otros futbolistas procedentes de Lezama: Luis Fernando (Zamora), Ferreira (Salamanca), Luis de la Fuente (Logroño),. jugaron sin ninguna pega. Esos cambios de criterio han sido onerosos para las arcas rojiblancas. En su día se renunció a los citados Valverde y Manu Núñez, cuando estaban en el Sestao, porque no cumplían ''los requisitos'' y, más tarde, se tuvo que pagar por ellos al Barça y al Murcia; otro tanto ocurrió con Ezquerro y Jose Mari, cuando destacaban en Osasuna y después hubo que desembolsar elevadas sumas a Atlético y Betis.
Uria también se mostró partidario de captar a jóvenes descendientes de familia vasca que hayan nacido en otros puntos del globo; pensaba es obvio en América. Para este viaje no se necesitan alforjas; sería, y nunca mejor dicho, una macana más. Siempre ha habido futbolistas centro y su- damericanos, algunos célebres, con apellido vasco, aunque no todos originarios como sabemos. Los jugadores vascoamericanos constituyen la única opción de futuro para salvar la ''filosofía''. Si aparece uno interesante se preparan los papeles haciendo a su familia oriunda, pongo por caso, del caserío Larrakoetxe de Begoña, nos lo creemos y punto. Con este criterio, jugadores como Arruabarrena o Ayala hubiesen podido estar en el Athletic. Mayores falsedades hemos tragado, y estamos tragando, a pies juntillas.
Antes de que Nietzche dijese que «Todo idealismo, frente a la necesidad, es un engaño», nuestros antepasados ya lo habían expresado en aforismos: Beharrak beharra eragiten du (La necesidad obliga a lo preciso), etc. Ha llegado el momento de estudiar la posibilidad de reinterpretar la ''filosofía'' sin modificar los principios en los que se sustenta; de llevar a cabo una reforma dentro de la continuidad; o sea, remedando a Lampedusa: es preciso que, por lo menos, algo cambie, para que todo pueda seguir igual. Si nos faltan jugadores con las prestaciones suficientes no habrá más remedio que traerlos de fuera. Creo que a un futbolista americano de origen [de apellido] vasco, si tiene el temperamento adecuado, se le pueden infundir los valores que caracterizan el estereotipo del Athletic. En el futuro, para completar una plantilla competitiva, el Athletic deberá elegir entre ''canterizar'' a profesionales ''vascoamericanos'' buenos o profesionalizar a jugadores canteranos vulgares.
La situación del Athletic se asemeja a la de un testigo de Jehová enfermo a quien los familiares, por prejuicios religiosos, impiden que se le haga una transfusión de sangre. Un poema, decía Gabriel Celaya en su manifiesto de 1952, «es una integración y no un residuo que queda cuando en nombre de ''lo puro'', ''lo eterno'' o ''lo bello'', se practica un sistema de exclusiones». Lo mismo puede decirse, en 2003, de un equipo de fútbol.
Josu Turuzeta
(Publicado en DEIA) |
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