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21 ARTÍCULOS SOBRE EL ATHLETIC
por Josu Turuzeta en DEIA
 
     
  («De todos los presagios siniestros, el más grave, el más infalible, es el optimismo» E. Girardin)

Cuando presentó su candidatura, Javier Uria se comprometió a «liderar un proyecto deportivo ambicioso que se concrete en la presencia permanente en competiciones europeas» y «el Bilbao Athletic en Segunda A». Fernando Lamikiz prometió un «Athletic ganador», y la «máxima exigencia» con el «objetivo» de «disputar todos los títulos en los que se participa». Los seguidores del Athletic hace tiempo que tenemos asumido que la ilusión es una agradable aberración de la esperanza.

El "rearme moral" preconizado para el equipo profesional («Introducir sistemas de motivación y mentalización que potencien la autoestima, el trabajo en equipo, el espíritu ganador» e «Inculcar los valores tradicionales: Amor, sacrificio, disciplina y esfuerzo») no ha dado aún los frutos apetecidos. No se pueden trasladar miméticamente criterios de gestión empresarial a un club de fútbol. En el mundo de la industria, la mejora de la productividad implica la redefinición de los objetivos a conseguir; pero el fútbol profesional está sujeto a imponderables que no se dan en el ámbito de la empresa: desde el calendario hasta el estado del terreno de juego, pasando por el hecho de que arbitre fulano o mengano, o se lesionen los imprescindibles zutano y perengano, en definitiva, a que la pelota entre en la meta rival. Lo que sí se puede prever es el número de fútbol ­eskolas asociadas, de técnicos disponibles, de cadetes, infantiles y juveniles controlados­.

Los malos resultados deportivos en las últimas temporadas se achacaban al conformismo, a la falta de ambición, a la ausencia de objetivos concretos. No basta con señalar objetivos ambiciosos y aspirar a «las más altas cotas» si luego se carece de potencial para ello. Las metas deben ser alcanzables y, además, hay que conformar los recursos adecuados para su consecución; en nuestro caso, jugadores de calidad contrastada. Muchos aficionados piensan que a los jugadores les falta convicción, que no ganan «porque no se lo creen». Si todo se redujese a eso, el fútbol sería muy sencillo; no harían falta centros de alto rendimiento ni entrenadores, todo se solucionaría con un psicoanalista y varios divanes. Hace muchos años ya lo probaron, sin éxito, en Argentina. Los forofos más recalcitrantes suponen que el Athletic tiene que jugar todos los partidos como lo hizo, la pasada temporada, en casa frente a la Real y fuera contra Osasuna. Si el Racing de Santander disputase todos los encuentros del mismo modo que frente al R. Madrid en el Sardinero o ante el Depor en Riazor, ganaría sobrado la Liga. Esos hinchas hacen un silogismo muy particular: la Real se ha clasificado para la Champions, el Athletic le ganó a la Real, luego el Athletic ­jugando siempre así­ puede estar en la Champions. Es el sofisma futbolero más simplote.

El actual Athletic es, en cuanto a jugadores, un conjunto mediano (no así respecto a sus remuneraciones); los equipos modestos no pierden su humildad y van partido a partido. El puesto medio del Athletic en los últimos tres lustros ha sido el noveno; está lejos de los "grandes". De hecho los medios de comunicación españoles no le consideran "grande". Nosotros preferimos pensar que es por envidia y mala baba. Proyectar la imagen de un Athletic en las más altas cotas o luchando por los títulos, objetivos hoy por hoy inalcanzables, genera frustración. Si no se ponen los medios es inútil fijar metas. Se pueden levantar cuantos castillos en el aire se quieran; lo malo es que siempre se caen, y además le cogen a su autor debajo. No se puede disputar una Liga a base de «profundizar en la filosofía del Athletic y en su modelo deportivo único, como ventaja competitiva para hacer un equipo campeón», como se prometía en un folleto electoral. El propio Jupp Heynckes lo cuestionaba: «El Athletic debe competir aquí con unas limitaciones tremendas y unas situaciones de mercado internacional diferentes en los últimos años». (...) El Athletic no sólo tiene una desventaja, sino que está en una situación muy complicada para poder competir al nivel que se exige en Bilbao, en el entorno, en los medios de comunicación y en la afición» .

La consecución de una plaza para disputar competiciones europeas, que desde el punto de vista económico es una necesidad, en el plano deportivo sólo es una aspiración; cada vez más, un sueño. Según los datos de una encuesta, realizada en setiembre pasado, el 40% de los socios piensa que el Athletic no tiene calidad para clasificarse en puestos europeos. Los jugadores tampoco se muestran unánimes; uno decía, al inicio de la temporada, que hay que luchar por «una de las plazas para la UEFA», otro hablaba de «no pasar apuros», y un tercero de quedar en el puesto «octavo o noveno», precisamente el que Heynckes consideraba, en 1993, el techo del Athletic. «Estar en Europa es una obligación para nosotros», decía el presidente Uria. «¡Pero cómo se puede decir que es una obligación la UEFA para un equipo que los dos últimos años ha rondado los puestos de descenso. Sé que lo ha dicho con buena voluntad pero eso es poner el listón muy alto!», replicaba Heynckes. Si el presidente soñaba, la afición delira: «Quiero ganar la Copa de Europa sin extranjeros» pretende un socio encuestado; «Quiero un equipo que gane siempre», solicita otro. Los socios pueden discurrir con el corazón o con los pies, pero la Directiva debería pensar con la cabeza. «Los chicos del filial son nuestro futuro y son los que nos van a sacar las castañas del fuego, sin cerrar las puertas a incorporaciones que eleven el nivel de la plantilla. Eso sí, no podemos mirar más allá de nuestras fronteras ni compararnos con otros equipos», aseguró el desaparecido presidente Uria en su balance de la temporada 2001-02.

¿Se imaginan a Florentino Pérez, Laporta, Lendoiro, Jaime Ortí, . subordinando el futuro del R. Madrid, Barça, Depor, Valencia, . a su conjunto de promesas? Tenía razón el presidente Uria, no podemos compararnos con otros equipos.


Josu Turuzeta (Publicado en DEIA)
 
     
   
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