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LA GRANDEZA DEL FÚTBOL
(Enviado por MURCIANO)
     
  Ediberto nació hace once años en Sao Felho, al norte de Sao Paulo, en una vieja casa de yeso y caña, de las pocas que no arroyó la última inundación. Edi, como todo el barrio le llama, es el menor de seis hermanos y desde que nació ha sido un niño maldito. Su madre murió en el parto, un parto muy complicado en el que su madre optó por salvar la vida al niño, y confiarle el futuro de la familia. Ediberto nació un 25 de diciembre y su madre, Alba, una mujer muy católica, en el momento clave del nacimiento optó por la cesárea para que Ediberto Jesús da Silha pudiera llevar la felicidad a su familia. Una cesárea en Sao Felho es muerte segura para la madre, que es quien decide entre su vida o la de su hijo. Fue un acto de irresponsabilidad y valentía, una decisión que sus hermanos mayores nunca entendieron y que en el barrio incluso se llegó a ver como un acto egoísta de Alba, quien no podía alimentar a sus cinco hijos y daba a luz a otra boca que alimentar, abandonando este mundo y dejando semejante panorama en la casa de los Da Silha. El padre de Ediberto nunca sintió la responsabilidad de educar ni traer comida a casa. Alcohólico y delincuente, pasaba varios meses al año en las cárceles de Sao Paulo, sólo volvía a Sao Felho para violar a la que fué su mujer y pedir dinero a sus hijos mayores. Así que la familia Da Silha tenía el futuro muy complicado.

Durante esos once años Ediberto y su familia aguantaron como pudieron, entre limosnas, ayudas de vecinos, trabajo de sus hermanos mayores y sobre todo bajo el cuidado de su hermana Alba, quien crió a Ediberto desde que nació, cuando ella sólo tenía 12 años, hasta ahora, que tiene 23 y dos hijos.

Hoy Ediberto no ha podido dormir. Desde que aprendió a andar ha estado con una pelota delante de los pies. Desde los 4 años Edi no se ha separado de su pelota hecha con plásticos y cuero por su hermano mayor, quien se la regaló por una de sus primera navidades. El fútbol le hace olvidar y cientos de veces sale a la calle a hacer miles de toques sin que el balón toque el suelo, concentrado y con lágrimas en los ojos, con el estómago vacío y dolor en todos los huesos, pero el balón le demuestra que está vivo. Edi toca y toca... Siempre él solo, su balón y sus lágrimas, el futbolista llorón, le llaman en Sao Felho... y es que Edi tiene un sentimiento de culpa muy grande por la muerte de su madre y apenas puede hablar con nadie. No dice palabra alguna, sólo con su hermana Alba y alguno de sus hermanos. Ediberto siempre mira de la misma forma. Hoy no ha podido dormir, pero no por los motivos que acostumbra. Esta mañana verá recompensados los muchos viajes al centro de la ciudad, 7 kilómetros andando día tras día, para jugar al fútbol. Esta mañana Ediberto va a hacer una prueba para entrar en el Sao Paulo. Si lo consigue le darán unas botas de fútbol y le ayudarán a desplazarse desde Sao Felho, para jugar al fútbol; y eso es en lo único en lo que piensa Ediberto, en jugar al fútbol y hacer más fácil el olvido.
 
     
   
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