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Es curioso que haya titulado este breve e-mail de esta forma. Quizá
es porque mi padre cuando hace ya 11 años que se marchó de mi lado,
me dejó, entre infinidad de recuerdos, dos maravillosos legados: el
amor por la Historia y el Athletic.
Tenía cuatro o cinco años de edad
y me sentaba en las rodillas de él para recitar de memoria los
nombres de Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gaínza.
Desgraciadamente no he tenido la fortuna de ver jugar a ninguno de
ellos, pero recuerdo que casi podía verles en el campo cuando mi padre me
narraba los remates de Zarra, la templanza de Panizo, la gran clase
de Iriondo y de Venancio y los pases de Gaínza. Si Gaínza. Tengo que
reconocer que siento una especialidad debilidad por Piru. Cuando hace
ya algunos años falleció, no pude evitar sentir una gran tristeza.
Fue al único de ellos al que mi padre pudo ver jugar en un campo. No
paraba de contarme la jugada que le vió hacer en el Benito Villamarín
de Sevilla a mediados de los 50: tras regatear repetidas veces a un
tremendo defensa bético (del que no recuerdo el nombre), echó el
balón fuera en un acto de gran caballerosidad al contemplar como el
futbolista sevillano se había golpeado violentamente contra una valla
en su empeño por robarle el balón. Gaínza le ayudó a levantarse y
recibió la tremenda ovación del Benito Villamarín. Y allí estaba mi
padre que entonces no podría tener más de 13 años. Aquella imagen la
guardó siempre en su memoria y estoy seguro de que cuando me la
narraba era capaz de ver la cinta de Piru y el choque del defensa
como si lo estuviera viendo en ese momento.
Mi padre nació en
Almendralejo, un precioso pueblo de la provincia de Badajoz, en 1940,
en una época en la que el Athletic gozaba de un dominio absoluto en
el fútbol y también en los corazones de miles de aficionados
extremeños. Nunca fue a San Mamés pero creo que lo llevaba siempre
dentro. Yo sí he ido aunque sólo una vez. Y tengo que reconocer que
fue una experiencia maravillosa. En 1984, cuando nuestro Athletic
ganó la liga y la copa, mi padre pegó en mi cuarto mi primer póster
del Athlétic...y allí sigue, viendo desafiar el tiempo, 17 años
después. Y en mi armario, mi primera camiseta rojiblanca, con el
número 9 de Sarabia a la espalda, un regalo de mi 9 cumpleaños en el
año 83. Pero lo mejor de todo son los recuerdos.
Mis recuerdos frente
al televisor viendo a mi padre gritar de alegría o enfadarse de forma
irremediable. Viendo como pasabámos de las franjas en blanco y negro
de nuestro viejo televisor a las rojiblancas del color maravilloso de
aquella Thomson. Y en todo estaba el Athletic, formando parte de
nuestra vida. La liga, la Copa del Rey, la UEFA, la Copa de
Europa. Muchas noches de fútbol, de lecciones "magistrales" de un
entrenador de salón que era mi padre que hubiera preferido no sacar
en este partido a Goico porque no estaba bien o quizás hubiera metido
en el campo a Manu Sarabia en la segunda parte que era "cuando mejor
rendía". Y yo estaba allí, mirándole fijamente cómo gesticulaba o
farfullaba. Hace ya muchos años de esto pero lo recuerdo con mucho
cariño.
Hoy tengo 27 años y vivo en Madrid con mi madre y mi hermana.
La habitación de mi hermana es espectacular. Resulta increíble ver
cómo conjugan perfectamente los póster de Brad Pitt o George Clooney,
con la foto oficial del Athlétic del año pasado o con alguna postal
de Julen Guerrero y enormes bufandas. Mi habitación es mucho mas
austera. Muchos libros de Historia (espero que mi futura profesión)
amontonados casi sin espacio, recuerdos de algunos viajes, papeles
diversos y, eso si, mi viejo póster de 1984. Esa vieja foto que me
trae a la memoria viejos recuerdos de mi infancia, como aquel penalti
que lancé en el colegio con mi traje del Athlétic y que nos dió la
victoria frente al equipo del otro colegio. Pero sobre todo, porque
me recuerda a él, que ya no está con nosotros. No ha visto jugar a
Julen Guerrero, se ha perdido los cabezazos de Urzáiz, los pases de
Etxeberría y los regates de Alkiza...¿o quizás no?.
Siempre he
pensado que los está viendo desde un sitio muy diferente, yo diría
que en la tribuna de honor que tiene San Mamés allí arriba. Yo, desde
aquí, continuaré con mis libros y con mi Athlétic. Ese Athlétic que
se mezcla con los recuerdos de él. Permítanme que que honre con esta
pequeña carta la memoria de mi padre.
Estoy seguro de que le hubiese
hecho muy feliz saber que hoy escribo estos pequeños recuerdos en
rojiblanco en la página de nuestro equipo.
Gracias por la oportunidad
de escribir.
Y gracias, papá, por hablarme del Athlétic.
Un saludo.
David Parra. Madrid |
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